Jorge Fernández Menéndez es un analista político, un poco reportero, conductor de un programa de noticias que disfruto mucho, el pasado 25 de abril escribió una columna en el Excélsior, que me agradó bastante. En su momento lo compartí con varias personas que significan mucho para mi y hoy quiero compartir con ustedes este mensaje, del que creo que se puede aprender un poco:
“De mi padre he aprendido muchas cosas: la convicción de que defender las ideas es una forma de refrendarse a sí mismo; que la tolerancia hacia los demás, excepto para los intolerantes, es tan imprescindible como la decisión de asumir, de decir, escribir, lo que realmente se piensa y en lo que se cree; que el valor del trabajo es la única moneda de cambio para refrendar la integridad; que tener un corazón abierto a todos y alejado de los rencores permite no contaminarse internamente con los odios, venganzas y fanatismos que nos rodean cotidianamente, sobre todo cuando se es honesto con uno mismo y con la gente; que la moral no es un árbol que da moras, pero que tampoco tiene nada que ver con prejuicios anacrónicos; que los libros y la educación son la base del verdadero crecimiento, pero que leer todos los días los periódicos es tan importante como conocer a los mejores autores; que la lectura, la información y la educación por sí solas no alcanzan, se debe tener una opinión propia y se trata de confrontarla en la calle, con la gente, con los cercanos y los lejanos, de escuchar, comprender y además opinar, a veces a favor de la corriente, pero sobre todo cuando se debe estar a contracorriente.
Aprendí que la vida, el mundo, la dignidad personal, la educación, la lealtad a los demás (que es distinta de la fidelidad), se pueden construir desde adentro y que esa construcción no pasa por el dinero sino por el espíritu. Y que éste, a su vez, se construye recreándose todos y cada uno de los días. Descubriendo el mundo, la gente, el cariño, también la injusticia en cada cosa pequeña o grande. Que siempre, aun en los peores momentos, sólo se puede mirar hacia atrás para aprender, crecer, ser mejores, seguir avanzando, ponerse siempre, pequeñas o grandes, importantes o superficiales, nuevas metas. A veces con errores, en ocasiones acertando, pero jamás siendo espectadores de una vida que nos trasciende, sin perder la capacidad de indignación.
Cuando se habla de la cultura del esfuerzo se nos olvida que el mismo, solo, no es suficiente: falta saber hacia dónde canalizarlo, ganarse el reconocimiento y el cariño. Elegir a los enemigos. La fortuna, el destino, siempre tiene mucho que ver con nuestra vida. Como muchos, he tenido suerte, y he intentado trabajar todo lo posible para que el destino marche en la dirección más cercana posible a nuestros deseos, aunque a veces nos juegue malas pasadas.”
miércoles, 6 de agosto de 2008
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